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Abrilo, ¡no muerde!

Al diccionario, ese tiranosaurio inofensivo.

En mi hogar de soltera se instauró la leyenda de que yo me había leído el diccionario. Lo de “me había leído” suena casi a que me lo había comido- por eso el “me”. Cuando el rumor volvía a brotar, a eso sonaba. Pienso que no es cierto, por eso lo de leyenda. Obviamente no pretendo ofender a mis familiares, tachándolos de mentirosos. Sí es cierto que leí algunas páginas pero, sinceramente, no creo haber llegado al final del tomo. Acabo de rescatar al fósil de la biblioteca y consta de 1358 páginas. No creo haber sido capaz: capaz de ser tan nerd. No obstante, la leyenda me gusta. Me da ese halo de persona culta- y un tanto extravagante-.

Al terminar el post anterior, en que agradecía a la Real Academia Española por su colaboración- más específicamente por haber creado su diccionario online en el sitio www.rae.es, al que asiduamente recurro,- tropecé, por suerte sin consecuente daño, con la Oda al diccionario de Pablo Neruda.

El diccionario es uno de esos seres que admiro, cuya existencia agradezco. No sé si a alguno de ustedes le pasa lo mismo. Lo necesito. Y mucho me temo que se haya convertido en uno de esos odiosos seres. En un ser a fosilizar. Junto con la enciclopedia, claro;  ahora buscamos todo en “wipipedia”- como dice un amigo, y no sé si en broma-. Pienso que el diccionario, viejo amigo, podría padecer peor y pronta muerte. Por eso, me encantaría escribirle una oda pero tengo suerte y Neruda “me salvó el pellejo” y lo hizo por mí. Así que la comparte con ustedes.

Oda al diccionario

Lomo de buey, pesado
cargador, sistemático
libro espeso:
de joven
te ignore, me vistió
la suficiencia
y me creí repleto,
y orondo como un
melancólico sapo
dictaminé: “Recibo
las palabras
directamente
del Sinaí bramante.
Reduciré
las formas a la alquimia.
Soy mago”.

El gran mago callaba.

El Diccionario,
viejo y pesado, con su chaquetón
de pellejo gastado,
se quedó silencioso
sin mostrar sus probetas.

Pero un día,
después de haberlo usado
y desusado,
después
de declararlo
inútil y anacrónico camello,
cuando por largos meses, sin protesta,
me sirvió de sillón
y de almohada,
se rebeló y plantándose
en mi puerta
creció, movió sus hojas
y sus nidos,
movió la elevación de su follaje:
árbol
era,
natural,
generoso
manzano, manzanar o manzanero,
y las palabras,
brillaban en su copa inagotable,
opacas o sonoras
fecundas en la fronda del lenguaje,
cargadas de verdad y de sonido.

Aparto una
sola de
sus
páginas:
Caporal
Capuchón
qué maravilla
pronunciar estas sílabas
con aire,
y más abajo
Cápsula
hueca, esperando aceite o ambrosía,
y junto a ellas
Captura Capucete Capuchina
Caprario Captatorio
palabras
que se deslizan como suaves uvas
o que a la luz estallan
como gérmenes ciegos que esperaron
en las bodegas del vocabulario
y viven otra vez y dan la vida:
una vez más el corazón las quema.

Diccionario, no eres
tumba, sepulcro, féretro,
túmulo, mausoleo,
sino preservación,
fuego escondido,
plantación de rubíes,
perpetuidad viviente
de la esencia,
granero del idioma.
Y es hermoso
recoger en tus filas
la palabra
de estirpe,
la severa
y olvidada
sentencia,
hija de España,
endurecida
como reja de arado,
fija en su límite
de anticuada herramienta,
preservada
con su hermosura exacta
y su dureza de medalla.
O la otra
palabra
que allí vimos perdida
entre renglones
y que de pronto
se hizo sabrosa y lisa en nuestra boca
como una almendra
o tierna como un higo.

Diccionario, una mano
de tus mil manos, una
de tus mil esmeraldas,
una
sola
gota
de tus vertientes virginales,
un grano
de
tus
magnánimos graneros
en el momento
justo
a mis labios conduce,
al hilo de mi pluma,
a mi tintero.
De tu espesa y sonora
profundidad de selva,
dame,
cuando lo necesite,
un solo trino, el lujo
de una abeja,
un fragmento caído
de tu antigua madera perfumada
por una eternidad de jazmineros,
una
sílaba,
un temblor, un sonido,
una semilla:
de tierra soy y con palabras canto.

File:Firma Pablo Neruda.svg

¿Les gustó?

La de arriba es una foto de mi diccionario, nacido en 1991. Le doy gracias a mis padres por haberme regalado tan desinteresado amigo.

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Comentarios

4 comentarios en “Abrilo, ¡no muerde!

  1. El diccionario es el amigo que NUNCA te falla Genial Verocou Un beso

    Publicado por winnie0 | octubre 19, 2012, 5:25 am
  2. Vero, que buen post. Estoy totalmente de acuerdo, no hay comparación con un diccionario de papel…..pero también pensé que era algo etáreo (!!), el poema de Neruda, muy bueno, pero un pelín largo y lo digo corriendo el riesgo de que me consideren el colmo de la incultura, pero soy sincera… Besos

    Publicado por Raquel de la Riestra | octubre 20, 2012, 9:42 pm
    • Gracias! Yo ya no recurro al diccionario en papel si no al diccionario online de la RAE. Mi post era una oda al diccionario en general!!! La oda de Neruda es re larga sí, pero a mí me pareció súper buena. La puse, más que nada, para ver si la leían, jaja. Besote

      Publicado por verocou | octubre 20, 2012, 9:54 pm

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